Ella y el bar de Ñuñoa.


Cuando los vasos crujían y el líquido fluía, la inocente necesidad de quererte para mi me nubla. El trago está fuerte, ¿qué tiene? Drambuie. Primera vez que lo pruebo y me hago el valiente ya que no tengo nada que perder, pero quiero algo ganar.
Sonrisa drogada, altura moderada, con tu piel blanca ¿por qué tan lejos? ¿qué adjetivo debo inventar para tenerte desnuda en mi cama? ¿qué sustantivo invento para comer tu aliento? 
Tomarme esta hueá es la excusa para que te sientes, dos minutos. Sólo eso.
Eres más loca que la cresta y sé que me enloquecerías.

¿Te gusta Cerati? ¿Probaste el Drambuie? ¿Escribirías poemas llenos de insultos? ¿Puedes servirme tu piel desnuda y tatuada?
Te quiero conocer, si entendemos por conocer como rasguñar tus muslos, por quebrar tus humedad y morder tu cintura.

A veces voy a buscar historias a los bares, nunca tan calentona como la tuya, mina loca, bonita y loca. Tengo que caminar más que la chucha para alcanzarte y ni siquiera he empezado a andar. 
Pero estás ahí, no te pido el vuelto y te doy mi pasión sin confesar de propina. No te vayas de la mesa, que tu dulzura erótica me someta a tu deseo y me digas tu nombre y cómo deletrearlo. Que un lunes a las 2 am te tenga chata en un horario de mierda, que la amabilidad y paciencia oculten el hastío de borrachos gritones hará que tu cara brille más en la fría y húmeda barra del local. 

¿Te vas en bici? no quiero llegar a la casa, vamos por ahí, la noche se hace nada al lado de tu locura, inmensa, gigante y única, ¿quieres unas colillas? Me queda un poco para tomar algo, el lunes se va.

Mientras la mitad de Chile explota y un volcán se manifiesta la noche más fría de Ñuñoa me sorprende mirándote. ¿Qué pensarás? Ni se si pedir algo más, oye:


¿Me traes la cuenta?

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