Kamikaze

Siempre fui el quiltro que buscabas,
porque calzaba con tu alma despeinada.
Y escuchando a Spinetta treinta veces
por Bandera era invierno, dosmil-trece.

El amargo desayuno y el tono de llamada,
los estragos kamikazes que dejó tu mirada.
El humo de la muerte sale de mis cenizas
como chispazos de tu triste ausencia imprevista.

No sé cómo llegamos, ni supe cuestionarlo.
Era de tarde y encontrarnos fue un complot.
Pero en la noche el playlist que cargamos
vuelve a sonar con la misma canción.

“Cayó por fin 
el loco kamikaze 
creyó ubicar, 
su propio sol naciente 
luego en su reino 
el kamikaze comprendió su error 
al fin 
morir así 
es en vano” *

Yo, el vagabundo, guitarra al hombro
suicida en vano, sangrando solo.
Tú con tus textos y tu gastado esmalte
buscabas tu propio sol naciente.

Fui un acorde en el medio de la calle
el noble kamikaze colgando de los postes.
Y como un despertar en medio de la nada

Fuiste casi al azar, el track que me faltaba.

*Kamikaze de Spinetta

La chica

La chica me pregunta por qué no fui
no sé qué responderle
¡No sé qué responderte!
fue porque no quise, 
no quería verte feliz nuevamente 
feliz y no por mis razones

tampoco quería despedirme
me inventé una excusa para justo faltar
a las 13.05,
desaparecer así como así

como lo hiciste la vez que la noche nos acompañó 
con un manto de dudas y estrellas.

Sueño

La atmósfera evitaba los indicios esa noche,
el agrio despertar quebró el sol por la ventana
no sabes el sueño que te poseyó la noche anterior
no tendrías cómo.

Contraste de color y fuego de la voz
onírico deseo de encontrarnos en tu sitio
supieras como arden esas manos por tu cuello
supieras como surgen las cenizas en el sexo

Apetito voraz de tu caliente holgura,
tus llagas y hendiduras estrujan mi hombría
y me veo mínimo ante tu deseo de hembrita
pero atiendo tu calor en mis noches frías.

Penetro tus temores y la calma de la noche,
trozos de poesía desprenden tus gemidos
jugoso corazón de soledades
hermosa ilusión nocturna y húmeda.


El cepillo de dientes.

Anoche estuviste en mi casa,
tu chaleco en el piso,
tu suavidad decora el cuero del sillón
y tu pelo se desliza suave entre mis piernas.

Anoche dejaste tu cepillo de dientes
no me prometiste nada,
ni besos ni pasión desenfrenada
una parte de ti quedó desde esa noche

Ahí está, verde y testigo de mi presencia

verde y extrañándote.

La taza de té

Hay días en que la taza de té es más que una taza de té,
es la cocina y el olor de la cazuela que mi madre cocinó
escribir canciones que luego la historia eliminará en su camino
el canto de la melancolía mientras el humo lo limpia todo.

Hay mañanas en que los dulces no encuentran su sabor
y los minutos seducen a la rutina
tardes enteras de andar por la plaza
como inventando una nueva teoría

No estabas, y no te fui a buscar
no había excusa para volver a golpear
hay días en que el amor no vuelve a ser lo que fue
y la apatía clásica se sumerge en la taza de té.