Pasé por la tienda de discos del otro día.
Me vino como una extraña afición por los vinilos (sí, esa moda que inexplicablemente suena tan bien), antes me gustaba mucho esa tienda de discos, siempre iba a mirar sin comprar nada, sólo pasearme por los pasillos artesanales y el olor a canciones nuevas era un compromiso con mi propia alma.
Ahora esa tienda tiene otro sabor, otro calor. Un dejo de amargura.
Ya no voy a mirar, siempre termino comprando discos que se involucran con la pena chiquita que guarde en el momento y los cargo hasta mi casa donde acostado escucho las canciones que treinta veces oí en un cd mal grabado.
El cambio del sabor de la tienda tiene mucho que ver contigo, aunque déjame dejarte en claro de inmediato que no es que seas dueña y señora de mi vida ni mis contextos, pero debo aceptar que sí manchaste un poco de otro color las cosas diarias.
Por ejemplo ya no me gusta recorrer los barrios de esa tienda, Lastarria me encantaba como escenario de dramatizaciones y películas mentales en las que yo era el protagonista y acompañaba a una simpática y hermosa mujer en un vaivén amoroso que cualquier guionista admiraría, quise vivir algo parecido mil veces y pensé en un instante que podría ser contigo, soñé que eras la Emma Stone de mis libretos.
Ahora el barrio es un cúmulo de pensamientos, de historias abortadas y de recuerdos de cosas que no pasaron nunca, y estará cargado de eso por mucho tiempo, cerca de acá está tu casa, la que visité mil veces en mis planes pero tres en la vida real, era la máquina del tiempo en las que unas horas se transformaron en días y mi conexión con el mundo exterior adquiría un papel secundario. Donde te besé y desnudé. Donde te creí.
Teníamos diferentes conceptos, o tal vez yo estaba equivocado en lo que tú sentías. La marea nos quiso llevar pero tus anclas evitaron un desenlace mejor.
No creas que después de tus frías pero claras palabras mi mundo se acaba, es sólo un episodio en el que sé que debo morir unos segundos para volver a andar.
A veces paso por fuera de tu casa, no porque quisiera acosarte ni espiar, si no porque por meses ese era mi camino favorito, cada domingo en Bellas Artes un latte estiraba las tardes con amigos y el regreso era cubierto por esas calles oscuras y decadentes, pero ricas en historias. Ahora tiene sólo una, la más triste.
Debo ceder y decirte que sí, hoy, en este preciso instante, en el presente tú eres el más grande pesar que cargo sobre mis hombros, es triste, pero es así.
Ahora salgo de la tienda con el Corazones en mis manos, sé que habrá canciones que me dolerán como filos: "Cuéntame una historia original", "Con Suavidad", "Es demasiado triste", "Estrechez de Corazón" y otras me traerán las mismas imágenes y las ganas de que me vuelvas a escribir invitándome a tu casa con esa urgencia sexual y amorosa que a veces creí encontrar en ti.
Me doy varias vueltas por ahí, con la fe inexacta de que suene el puto teléfono, me doy más vueltas en mi cabeza imaginando que tal vez no llamas porque otro te satisface los sentidos y lo que me dijiste el otro día era la excusa de mierda para no matarme. Si es así, hubiera preferido el puñal directo al pecho.
Al final recibo un mensaje que no quiero leer, camino evitando tu calle, llego y escucho a Jorge González sufrir algo que de cierta forma lo siento mío.
"¿Alguna vez te acuerdas
Cuando todo era amable y divertido?
Con la sonrisa irónica ahora
Es lo único que nos podemos dar "
No hay comentarios:
Publicar un comentario